La epopeya trájica por José Domingo Gómez Rojas

El Grupo de Estudios lleva por apelativo “José Domingo Gómez Rojas”, en concordancia a los valores de una generación que consideramos no sólo importante, sino que influyente en los diferentes aspectos de la vida, intentado revalidar aquella moralidad, acción y pensamiento. Sin embargo, la vida personal Imagendel poeta es siempre llamativa y sobre todo aleccionadora, si es que puede caracterizarse de esta forma. José Domingo o Domingo Gómez Rojas, “Chumingo” como le llaman algunos de sus amigos, el “Cristo de los poetas” como le dicen otros, es un hombre complejo, un radical en muchos aspectos de su vida: un cristiano que reflexionó sobre el amor de Dios y de los hombres, combatiendo la iglesia católica y su ritualismo sin sentido; un poeta que no concibe estudiar el arte sin conocer al hombre en él, por lo cual viajó a la Argentina, buscándolos, aun siendo muy joven. Anarquista, se asoció a los compañeros trabajadores de la IWW; como estudiante y profesor en la Escuela Nocturna, se relacionó con los obreros, siendo partícipe en las jornadas y veladas organizadas por la “Casa del Pueblo” o el “Centro Social Francisco Ferrer”, en donde leía sus poesías y (se) convencía. Como difusor y propagandista de la Idea, escribió para variados periódicos libertarios, siendo sus trabajos literarios publicados en jornales desde Santiago a Punta Arenas.

El “Poeta Cohete”, irónico a la vez que sensible, en tanto poeta, anarquista, arengador, organizador, no deja de ser por ello un ser humano: joven, delgado, moreno… y es de éste de quien deseamos dejar un poema publicado en “La Batalla. Periódico anarquista”, firmado con su nombre. Salud y Libertad!

La epopeya trájica (fragmentos)

José Domingo Gómez Rojas

Desde mi edad primera forjó mi fantasía
un himno de victoria pleno de poesia,
un salmo formidable cuajado de lirismo,
una epopeya altiva, mas que el orgullo mismo.

                         Hoi tañendo mi lira un cántico ella lanza
i tiembla el corazon, dudo de mi pujanza
pues quiero alzar un canto que sea fibra i nervio,
que sea vena i sangre, que en su arranque soberbio
tenga fulgor de rayos, vibraciones de orquestas
para que llegue a ser la jesta de las jestas;
pero ¡ai! Me siento débil. ¿Qué cóndor altanero
no duda de sus alas en su volar primero?

El pincel de Frank Brangwyn, los trájicos colores;
el lirismo de Witman -el profeta del verso;-
la orquestación de Wagner, que espresa los dolores;
todo esto yo quisiera para en ritmo diverso
plasmar la gran trajedia de los santos fulgores
i cantar la epopeya que ajitó el Universo…

I evoco a la natura para pedirle aliento,
pues quiero que mi canto tenga el soplar del viento;
i evoco a la natura en medio del desmayo,
pues quiero que mi canto tenga el fulgor del rayo;
pues quiero que mi salmo -cantar los cantares-
tenga el temblar del trueno i el bramar de los mares;
pues quiero que mi verso, mas que el verso de Homero,
tenga el vibrar salvaje, el del moderno acero,
quiero que la epopeya,-al tañer de las liras,-
refleje las anónimas, las formidables iras;
pues quiero que mi canto tuviera fúljeos brillos,
vibraciones de yunques, crepitar de martillos
fulguracion de rayo, vibraciones de orquestas,
bremitar de huracanes, jemidos y protestas,
llantos i rebeliones, ajitacion de mares;
pues quiero que mi canto sea de jestas,
i salmo de los salmos i cantar de los cantares
pues quiero que mi canto cuajado de lirismo
sea epopeya altiva, mas que el orgullo mismo.

Jimió toda la casta estremecida
i hubo un soplo triunfal como un auguro
sangró la plebe i por la abierta herida
corrió la sangre, púrpura encendida
como la Aurora Roja del futuro.

Fué el jénesis ciclópeo, el primer grito,
el gran Fiat Lux del nuevo calendario,
fué la protesta airada ante el maldito
crímen de esplotacion; en lo infinito
se presintió la cumbre de un calvario…

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                                   Fueron las profesías líricas esperanzas,
fueron las profesías que auguraron las iras;
cada horca es como un símbolo de futuras venganzas
cada horca es como un látigo a todas las mentiras.

Fué el espasmo doliente de la casta plebeya
fué el despertar rebelde i solo entónces
vibraron aletazos de epopeya
como salvaje orquestacion de bronce…

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                                   I hablaron nuevos cristos,
los cristos de Chicago,
i a través de los tiempos la profesía es una
constelacion de estrellas, fulguracion de rayos.

I yo creo en los cristos
porque son los profetas cuyos auguros májicos
alumbrarán las cumbres de la futura aurora,
la aurora de los triunfos que sueñan los anarkos.

 

P. D. 1: Hemos decidido no cambiar ni actualizar la ortografía del poema aparecido en el Jornal Anarquista..

P. D.  2: Por último, pero no menos importante, deseamos dar las gracias al compañero V. Muñoz por la colaboración entregada al Grupo en tanto envió la imagen de J. Domingo Gómez Rojas que hoy hemos colgado junto a su poema.

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