Literatura: Poema “Los Lamentos”, de la Condesa de Noailles [Traducción de Oscar Castro]

La traducción y adaptación al castellano de este poema de la célere Condesa de Noailles, es obra de Oscar Castro, cuyo prematuro fallecimiento nunca dejará de llorar la Literatura Chilena. El tema central de este poema, era como una obsesión en la frágil vida física de nuestro poeta y novelista de “Llampo de Sangre”. De ahí que él pusiera en este trabajo algo más que  su dominio de la lengua gala y castellana. Se transfundió espiritualmente en él. Debemos esta primicia –que lo es en su integridad- al profesor don Arturo Peña Cereceda, a quien Oscar Castro se lo obsequiara, en manuscrito original, como signo de amistad.

[N. de R. del B. I. N. Año XXI, pág. 12.]

 ***

Los Lamentos (“Regrets”)

Por la Condesa de Noailles.

Versión al castellano de Oscar Castro.

Idos, deseo estar sola junto a las fosas.

Los muertos, bajo tierra; la mañana es hermosa;

el aire huele a hierbas, a hojas y aguas vivas.

Los muertos, en la muerte hasta el fin de los días…

Mi cuerpo ágil, un día será igual a estos cuerpos:

mi frente, cual la suya; mis ojos, sin destellos.

He de cumplir este acto solitario y celeste,

yo que no dormí sola en mis días terrestres.

Todo debe morir, todo debe estar quieto:

la boca, la mirada, el deseo y el beso.

Ser una triste cosa de silencio y de sombra,

mientras la primavera verde y roja se esponja

y humedecida de oro y savia fresca, sube…

¡Como yo, haber tenido el corazón tan dulce,

y lleno de esperanzas, de sueños e ideales,

y nunca enternecerse con el alba que nace

sino estar en reposo por una eternidad!

Y otros vivos, gozosos y alegres han de estar.

Y tras las muchachas seguirán los varones

y verán las faenas, las mieses y las hoces

y el color delicado y fugaz de los meses.

Mas yo no veré nada, porque estaré en la muerte;

ya no podré gustar el dulzor de la vida;

pero aquellos que lean mis páginas escritas,

al saber que vivieron mis ojos y mi alma

vendrán hacia mi sombra risueña, iluminada,

son sus almas heridas de languidez y envidia,

pues tendrán mis cenizas más calor que sus vidas.